martes, 27 de diciembre de 2011

Sobre el uso inadecuado de la palabra virtual
Por: Ricardo Soca 
El Diccionario de la Real Academia Española (DRAE) presenta la definición mostrada más arriba de la palabra virtual, que viene haciendo una carrera tan exitosa desde la explosión del auge de las computadoras y de la internet.

El vocablo fue adoptado en el terreno de la informática pensando en su primera acepción y también en la tercera, usada en la Física, más precisamente en la Óptica, para referirse a algo "que tiene existencia aparente y no real" y en la Mecánica para definir el concepto de "velocidad virtual".
En las lentes convergentes, por ejemplo, los rayos provenientes de un objeto cualquiera convergen hacia un punto en el cual se forma una imagen de ese objeto. Es el principio utilizado en las cámaras fotográficas, en las cuales los rayos provenientes del objeto fotografiado convergen y forman una imagen real e invertida de ese objeto sobre la superficie sensible.

En el caso de las lentes divergentes esto no ocurre, los rayos divergen y no se forma ninguna imagen real. Sin embargo, los ópticos encontraron conveniente para algunos de sus cálculos considerar la idea de que a partir de un determinado punto, las prolongaciones de los rayos divergentes convergen hacia un punto anterior al lente, donde se formaría una imagen que no existe más que en el cálculo matemático, una imagen virtual.
En la analogía creada en el mundo de las computadoras, cuando se habla de una "reunión" de personas que se encuentran en lugares distantes, pero que se comunican entre sí mediante cámaras de televisión, parece adecuado que se hable de reunión virtual. Y cuando queremos referirnos a uno de esos sitios de la internet en los que se ofrecen mercaderías que podemos adquirir sin levantarnos de nuestra silla, enviando por la computadora el número de nuestra tarjeta de crédito, parece perfectamente correcto que se hable de tienda virtual.
Tampoco cabe disentir de la expresión realidad virtual, que designa el efecto producido por programas informáticos que suministran al usuario estímulos visuales, auditivos e incluso táctiles que le dan la sensación de vivir en una realidad diferente, como ocurre en los simuladores de vuelo o en algunos programas para arquitectos que permiten visitar una casa que está a la venta desde su propia computadora. Se trata de artificios que nos permiten dirigir aviones que no existen o visitar casas que no están allí. No son reales, son virtuales, como nos indica la definición del diccionario.
Sin embargo, muchos usuarios de computadoras que no saben de dónde proviene este término ni por qué se lo usa al hablar de reuniones, de tiendas o de otras entidades virtuales, han adoptado este adjetivo para referirse incorrectamente a todo lo que tenga que ver con informática o con la Internet.
Hace algunos días, un amigo que acababa de comprarse unos libros a través de la Red me comentó que había hecho "unas compras virtuales". Aunque las hubiera hecho vía Internet, sus adquisiciones no tenían nada de virtual, eran bien reales, como mostraban los gruesos y pesados volúmenes que mi amigo se disponía a leer.
Millones de personas hoy hacen amigos a través de sus conexiones electrónicas, pero no importa cuál haya sido la forma de establecer estas relaciones se trata siempre de personas reales, con pasiones y sentimientos, no son amigos virtuales, como muchos suelen decir.
Una amiga que se pasa muchas horas por día sentada ante su computadora suele quejarse de que tanto tiempo virtual no le deja un momento libre para, por ejemplo, leer un libro. No creo que haya sido un consuelo, pero tuve que explicarle que el tiempo que se pasa sentada ante su computadora es bien real.
Todavía no he podido entender qué son las comunicaciones virtuales ni por qué son llamadas de esa manera. Cuando enviamos por la Internet un mensaje, éste no tiene nada de virtual; por más que circule por un cable o por el espacio en forma de bits es una comunicación bien real y perfectamente de acuerdo con la definición de comunicación, pues alguien va a leerla en el algún lugar. Si quisiéramos comunicarnos en forma virtual no podríamos hacerlo, pues cada vez que una señal de cualquier tipo es trasmitida entre dos personas se establece una comunicación real.
Resumiendo, debemos tener en cuenta que si un fenómeno se refiere a los números dígitos, del uno al diez, o a los instrumentos que cuentan estos números podemos calificarlo como digital, pero no siempre como virtual. Y si un fenómeno ocurre merced al uso de la tecnología electrónica, podremos calificarlo como electrónico, pero no siempre como digital ni como virtual.

jueves, 22 de septiembre de 2011

De los bellacos oidores de 1714 a los políticos traidores de 1867

Enrique Santos Molano

Primera entrega de la historia de las grandes conspiraciones colombianas.
Colombia ha sido fecunda, desde los tiempos coloniales, en conjuras que buscan el acceso al poder por medios distintos a los que indican las leyes y las normas constitucionales. En esta crónica sobre las grandes conspiraciones en la historia de Colombia, Enrique Santos Molano cuenta de manera minuciosa quiénes, cómo y por qué desarrollaron célebres golpes que, exitosos o fracasados, tuvieron profunda influencia en las distintas etapas de la vida nacional. Este volumen abarca ocho conspiraciones que sucedieron entre 1715 y 1867. La primera, de los oidores contra el presidente Francisco Meneses Bravo de Saravia, y la última, de los gólgotas y los conservadores contra el presidente Tomás Cipriano de Mosquera. Entre una y otra, conservando un curioso hilo narrativo que las enlaza, se narra la rebelión de los comuneros y los criollos contra la corona, la divulgación de los pasquines subversivos de 1794, los antecedentes del 20 de julio, la conspiración septembrina, la traición de Sardá contra Santander y los resultados de la consolidación del poder político de los artesanos. Es un recorrido por las confabulaciones, intrigas y traiciones más importantes de la historia de Colombia.

Contenido:

La conspiración de los oidores, 1715
La conspiración del marqués de San Jorge, 1781
La conspiración de los pasquines, 1794
La conspiración del 20 de julio, 1810
La conspiración septembrina, 1828
La conspiración de Sardá, 1833
El golpe de los artesanos, 1854
El golpe contra Mosquera, 1867


Enrique Santos Molano. Escritor y periodista, nacido en Bogotá (1942). Ha sido colaborador permanente del diario El Tiempo, desde 1963. Autor de numerosos ensayos biográficos, entre ellos, El corazón del poeta (1992), biografía de José Asunción Silva, incluido entre los cien libros colombianos más importantes del siglo XX; Antonio Nariño, filósofo revolucionario (1999); Rufino José Cuervo, un hombre al pie de las letras (2006); Gonzalo Jiménez de Quesada (1997). Es autor, también, de ensayos y crónicas históricas como 1903, Adiós Panamá (2003), Los jóvenes Santos (2000), Fúquene, el lecho de la zorra (2002); Crónica de la luz (1985) y Mujeres libertadoras, las Policarpas de la Independencia (2010). Ha publicado también la novela de aventuras Memorias fantásticas (1970) y, en la actualidad, prepara una extensa novela histórica en cinco partes, Los hermanos precursores, saga épica que abarca la epopeya de la Independencia desde 1740 hasta 1823. 

viernes, 15 de julio de 2011

Lanzamiento del El Tren de Montelíbano 
de Luz Stella Rivera Espinosa 
El próximo 15 de julio tendrá lugar desde las 6:30pm., en la Biblioteca Darío Echandía uno de los lanzamientos de libros más esperados por la comunidad ibaguereña como es el libro El Tren de Montelíbano, el cual resultó segundo finalista en el prestigioso concurso El Barco de Vapor de la Biblioteca Luis Ángel Arango y cuya autora es la maestra de español y literatura Luz Stella Rivera Espinosa. 

miércoles, 25 de mayo de 2011


Por Jorge Eliécer Pardo 
De nuevo he tenido la oportunidad de compartir la mesa con Daniel Villabón Borja quien ganara el primer premio del Concurso de novela corta organizado por la Universidad Central. Ya tenía en las manos el ejemplar de la novela La soledad del dromedario con la cual Daniel ingresó en el mundo de la narrativa colombiana con honores. Lo digo no por el premio sino porque ha escrito una magnífica novela.
En la etapa de preproducción del libro me pidieron unas líneas para la contratapa y dije en la pulcra edición de la Universidad Central:
“Esta es una novela de personaje, una novela que nos subyuga no sólo por su extraño ambiente gótico sino por su lenguaje. Es la historia de un hombre de hoy, maltrecho en lo físico, que se enfrenta a una sociedad fragmentada y violenta, neurótica y voraz. No basta con saber lo ocurrido a este solitario deforme sino saber que debe convivir en un mundo lacerante.
Nos evoca a Kafka y su Gregorio, nos retrotrae no a un espantoso insecto sino a un dócil dromedario. Dos antigregarios atormentados por el pequeño espacio que les permiten. También evoca a Quasimodo y al Hombre Elefante: sedientos de amor y compañía: derrotados.
¿Existencialista? ¿voyeur? ¿Agresivo? ¿Erótico y sexual? Todas las preguntas las responde esta novela bellamente trabajada desde el conocimiento armónico y desarmónico del hombre-personaje, del hombre-lector.
Uno pensaría que su autor es un viejo sabio que indaga bajo la piel de su antihéroe desahuciado. Uno termina entendiendo que más que un esperpento es una gran obra de arte porque desentraña el espíritu humano. Luego del silencio que deja la lectura nos miramos al espejo para reconocernos en el rostro de Hans Silva y de Daniel Andrés Villabón Borja”.
Seguramente, como ocurre en Colombia, este libro será silenciado y los medios no se ocuparán de él. Afortunadamente existen redes que irán dándole el lugar que le corresponde en la narrativa nacional. Nos dice la solapa del libro que Daniel es escritor por genética y lector por compromiso. Tiene 25 años. Aún carece de la veleidad y el desparpajo grandilocuente que muchos ostentan en este mundo fatuo de los oropeles.
Auguro para Daniel, como lo dije el día del lanzamiento, lo mejor porque su talento es más que evidente.

lunes, 23 de mayo de 2011

EL BAILADERO DE BRUJAS
Relatos de la tradición oral narrativa
Narradora: Maestra FLOREMIA TRUJILLO
 Prosa: “Matraca”
Cuenta la señora Floremia Trujillo, que había un jornalero que se había hecho compadre de un rico y acaudalado hombre, por conveniencia; el compadre rico no quería sino explotar a su jornalero-compadre, trabajándole todos los días para amasar más y más su fortuna, o sea que no quería que perdiera día, si no trabajando en forma continua sin respetar los días santos, con un jornal que escasamente no le alcanzaba si no para la sal del almuerzo y algunos tabacos para “humar” y espantar los zancudos, moscos y otros bichos.

Un día el jornalero compadre le dijo a su mujer, que no le trabajaba más a su compadre rico, porque ya le había trabajado harto tiempo y no había conseguido ni siquiera para hacer una pieza y meter la cabeza con ella y sus guámbitos, porque la casa donde vivían era prestada y le dijo a su mujercita: “alísteme unas muditas de ropa, me hace unos “joticos”, me hace un “avio” bien abundante y me  frita una buena presa de carne con harto plátano, cachaco, yuca y arroz, me bate una olletada de cacao y me la empaca en un calabazo, cosa que me alcance para el viaje.  La mujer hizo lo que su marido le había dicho y de paso le dijo: que si venía el compadre rico a preguntarlo, le diera el “recao”, o sea la razón, que él no le trabajaría más porque se iba a buscar otra suerte y se fue con rumbo desconocido y emprendió viaje; caminó todo el santo día hasta despuntar a un pie de monte llanero donde había unas matas de arbustos de arrayanes y en toda la mitad del monte sobresalía un frondoso árbol de higuerón de tronco grueso, cuyas ramas cubrían gran parte del monte; arrimó a dicho monte, cayendo el sol de los venados, o sea al atardecer, cuando el sol se oculta en el anchuroso occidente, allí el jornalero destapó el “avio” se puso a cenar de lo que su mujer le había hecho, a lo que acabó de cenar se acostó en medio de un cajón de las raíces de dicho árbol y se acostó a dormir después de hacer sus oraciones de costumbre, pidiéndole a mi Dios que lo ayudará.

Bien entrada la noche se “dispertó” al sentir aleteos torpes que caían en la copa del árbol, él se quedó quieto sin resollar duro para descubrir de qué se trataba dicho aleteo, después sintió una algarabía de conversaciones, y risotadas a la vez, y en seguida cayó en cuenta que eran nada más y nada menos que era un aquelarre de brujas, que estaban bailando y en una de esas risotadas conoció la risa de una comadre suya, después cesó el baile y la algarabía en la copa del árbol porque aquellos seres elementales se bajaron para la cepa del árbol a acabar el bailoteo.
Cuando estaban abajo, la bruja descubrió a su compadre que estaba en la cepa del palo durmiendo y le dijo: ¡hay compadre! vusté ya me descubrió que soy una bruja voladora, por lo tanto no le vaya a contar a mi marido que yo soy bruja y le doy lo que vuste está buscando: riquezas, con tal de que mi compadre me guarde el secreto de ser bruja, le dijo: camine antes de que comiencen a cantar los gallos  y bramar el ganado porque está amaneciendo y viene rayando el día y para nosotras las brujas es mortal y se lo cargó para un cangilón y le dijo: aquí detrás de esta pared hay una cueva donde está el tesoro y en este disco está la clave de la cueva para que la abra y le dio la clave diciéndole: mueva el disco dos vueltas a la derecha y tres a la izquierda y se abrió dicha puerta y descubrió que dentro de la cueva había un gran tesoro en custodia y riquezas de toda clase: oro en polvo, plata en abundancia, “alajas”, oro en barras, lingotes de oro, la bruja le dijo: saque lo que va a necesitar y vuelva y cierre la cueva con la misma clave. Y se regresó para su vivienda y una vez allí comenzó a cambiar aquellas riquezas por tierras, fincas, casas, animales, superando en potencia y riqueza a su compadre rico, a lo que el compadre rico se dio cuenta que su antiguo compadre jornalero tenía abundantes riquezas se llenó de envidia, de celos, porque su compadre lo había superado en riquezas y poderío, comenzó a preguntarle como había adquirido de la noche a la mañana tanta riqueza, pero el jornalero no le decía nada por no romper el “pauto” que había hecho con la bruja comadre. En vista de tanta insistencia le dijo al compadre que dichas riquezas se las había dado una bruja y le indicó el camino del bailadero de las brujas. El rico se fue por el mismo camino en busca de la bruja, cuando llegó a dicho lugar se acostó a dormir, pero no se “disperto” por el aleteo de las brujas, si no por la jalada de patas de don  “colilargo mijito” que le dijo: vusté que hace en mis predios, por qué nos dañó el baile y el rico le dijo: don Satas es que estoy buscando una bruja que le dio la riqueza a mi compadre jornalero a ver si me da un tesoro y le doblo la riqueza a mi compadre, el diablo le dijo: el jornalero se lo merecía porque vusté lo explotó con su trabajo y no le dio ni siquiera una casa donde vivir, a pesar de tener tantas tierras desocupadas, porque vusté no es si no envidioso, miserable, avaro, codicioso, tacaño, desagradecido, no sirve para nada, o sea que lo “taquió” diciéndole: vusté ya tiene harta plata, para qué más plata y el rico le dijo: es que yo no soporto que mi compadre sea superior a mi y el diablo le dijo: “ahh con que eso es lo que vusté quiere, como quiere plata yo se la doy, móntese al anca de mi mula” y una vez “montao” el compadre rico en la mula se enfumo en una bola de azufre y lo “jondió” en un precipicio donde no habían sino espinas, hormigas, alacranes, arañas, avispas, abejones, culebras y toda clase de alimañas ponzoñosas. Y allá quedó “aprisionao” y en cuantas se vieron para sacarlo y por poco le cuesta la vida al rico por ser ambicioso. 

Este relato nos trae a colación que hay gente que a pesar de tener riquezas y bienes en abundancia quiere adquirir más, y más, y quieren ser los dueños del mundo, se meten en problemas ilícitos para conseguir estos objetivos y a lo que lo consiguen tienen que devolver lo que consiguieron para podersen librar de estos líos jurídicos y los que se aprovechan son otros. Por eso dice el dicho: “es mejor comer poquito  y andar alegre, y el que mucho abarca poco aprieta, porque la codicia rompe el saco y la avaricia la camisa” y no se debe creer más que los demás, porque hay unos que lloran su desdén y otros le damos gracias a Dios por los bienes recibidos.
Estas enseñanzas son las que nuestros abuelos mayores nos enseñan y “Matraca” da buen uso de estas enseñanzas transferidas en libros, para la posteridad en los niños, jóvenes y adultos, para que hagamos una reflexión y no cometamos más errores, porque ya hay suficientes. “Que Dios nos oiga y el diablo se ponga sordo”.  

viernes, 8 de abril de 2011

Prólogo del libro “Tolima: Desarrollo Político e Institucional” del Historiador Alvaro Cuartas Coymat, por William Ospina.


EL LENTO NACIMIENTO DE UNA REGIÓN

A mediados del siglo XVI cinco grandes regiones del territorio que hoy es Colombia, habían sido ordenadas en gobernaciones por los hombres de conquista y por los jueces que venían tras ellos.
La gobernación de Cartagena, que había sido ocupada por las tropas de Pedro de Heredia, desde el puerto de Calamar, por la región de los zenúes, hasta las primeras sierras de Ayapel. La gobernación de Santa Marta, fundada por Rodrigo de Bastidas, que abarcaba la ciudad de Nuestra señora de los Remedios del Cabo de la Vela, Riohacha, los desiertos de la Guajira, el puerto, el litoral y la Sierra Nevada de Santa Marta, hasta la desembocadura del río Magdalena. La gobernación de Popayán, conquistada bajo el poder de Francisco Pizarro por su enviado Sebastián de Belalcázar, que se extendía desde el sur del cañón del Patía, por Pasto, Popayán y Cali, hasta Cartago, y que después Jorge Robledo extendió hacia el norte, por las orillas del río Cauca hasta Santafé de Antioquia y la región de los Nutibaras. La gobernación de San Juan, que abarcaba el litoral del Pacífico, desde Castilla de Oro hasta la isla del Gallo, tierra de la que Pascual de Andagoya debía siempre tomar posesión y nunca llegaba a hacerlo. Y el llamado Nuevo Reino de Granada, que abarcaba la orilla oriental del Magdalena, las Barrancas bermejas, las tierras de los chitareros donde fueron fundadas Pamplona y Ocaña, la región de esmeraldas de los muzos donde Ursúa fundó la efímera Tudela, la Sabana de los muiscas donde había estado el reino solar de los Zaques de Tunja y el reino lunar de los Zipas de Bogotá, y los llanos inmensos que dan al Orinoco.
De ello se deduce que sólo un territorio faltaba por conquistar plenamente, y era ese que en tiempos de Ursúa llamaron “Entre los dos ríos”, y que después fue llamado mucho tiempo “El país de la tierra caliente”, por contraste con la tierra fría de la Sabana. Estaba en el centro del futuro país, llamado a ser punto de unión y convergencia del territorio, y tardó mucho en ser conquistado porque lo habitaban los pueblos más indómitos. Lo cruzó Belalcázar yendo hacia la sabana pero no logró conquistarlo.
Al sur, padres antiguos habían esculpido bestias mitológicas y habían dejado un jardín de feroces criaturas de piedra custodiando las fuentes del Yuma, que después los españoles llamaron río grande de la Magdalena. Los guerreros paeces, andakíes, y yalcones ocupaban esa tierra del sur rica en oro, desde la región de Timaná a lo largo de las llanuras ardientes, y los pueblos pijaos resisitieron a los invasores hasta morir. Después estaban los panches, que descendían de los peces del río, porque panche significa bagre, y que se distribuían en incontables pueblos del piedemonte y de la cordillera, hasta llegar a los gualíes, marquetaes, lumbíes, ondamas y onimes, que mantuvieron su poder sobre la Tierra Caliente hasta bien avanzado el siglo.
Y contra ellos avanzaron después del medio siglo López de Galarza, quien fundó a Ibagué en el Valle de las Lanzas, y Francisco Núñez Pedrozo, quien fundó a Mariquita, a orillas del Gualí. Juan de Cabrera intentó en vano someter las regiones del sur, y Neiva sólo fue fundada en 1612 por Diego de Ospina. En guerras contra panches y gualíes gastó sus últimos años el ostentoso licenciado Gonzalo Jiménez de Quesada, quien trajo a la ermita de San Sebastián de Mariquita el Cristo Negro que había estado en el palo mayor de la nave capitana de Don Juan de Austria en la batalla de Lepanto.
Basta mirar los mapas para darse cuenta de que hasta comienzos del siglo XVIII dicha región central era casi imperceptible para los cartógrafos, a pesar de su extensión y su riqueza natural. En la pared occidental están los grandes nevados del Ruiz, del Tolima, del Cisne y de Santa Isabel, al sur el más alto de todos, el nevado del Huila, y de ellos descienden a lo largo de la cordillera ríos numerosos hacia el caudal del Magdalena. Durante el período colonial, ese territorio estuvo compuesto por la provincia minera y agrícola de Mariquita, y por la provincia aurífera y ganadera de Neiva, hasta la víspera de la Independencia. José Celestino Mutis estableció en el norte la sede de la Expedición Botánica, y puso a pintores mestizos y mulatos como Matís y Rizo, a pintar las ejemplares láminas de la flora equinoccial. Eran tierras ricas en metales, y con la plata de Mariquita enfrentó el virreinato la crisis del oro de Santa Fé de Antioquia. Eran también tierras del ganado cimarrón que se reproducía a sus anchas en las llanuras, pero las alturas de la cordillera habían quedado prácticamente despobladas desde el avance de los conquistadores: los bosques se cerraron por siglos; sólo en la segunda mitad del siglo XIX colonos antioqueños y caucanos volvieron a hollar esas montañas, y en el extremo norte fundaron sus parcelas y dieron comienzo al cultivo de café, como lo estaban haciendo también en el costado occidental de la cordillera, creando ese eje cafetero que muy pronto se convertiría en la riqueza principal del país.
Fue por entonces cuando ese territorio tan difícil de conquistar obtuvo finalmente su definición y su autonomía. Las dos grandes provincias de Mariquita y de Neiva habían proclamado su independencia en 1810, y participaron de un modo decisivo en los debates y combates entre federalistas y centralistas, que sacudían al país, pero habían sido sucesivamente anexionadas a las provincias centrales de Cundinamarca cuando predominaba el poder político de Santafé, o a la región de los señores esclavistas del Cauca cuando estos se imponían.
Pero desde el comienzo tenían anhelo de autonomía. Por eso cuando Tomás Cipriano de Mosquera creó, en 1861, el Estado Soberano del Tolima, sin duda obedeciendo a sus intereses particulares, para asegurar un corredor entre el Cauca y la Sabana que le fuera propicio en la guerra interminable, también estaba respondiendo a una antigua vocación libertaria. Desde los tiempos de panches y pijaos el Tolima Grande se quiso tierra de hombres libres, y confirmó esa vocación a lo largo del siglo XIX, cuando surgieron en él los grandes radicales, cuyo proyecto político intentó marcarle otro rumbo a la nación.
Ese Tolima que no fue del todo sometido por ninguna de las expediciones de Conquista, y que intentaron convertir en parte de Cundinamarca y del Cauca, finalmente sólo formó parte de la república como provincia singular. Hay quien dice que es el único de los Estados que fue creado por la guerra, pero más bien fue el último en ser creado por la guerra, ya que todos los otros lo habían sido primero, y algunos incluso muy temprano.
Este importante libro de Alvaro Cuartas Coymat cuenta cómo fue, hace 150 años, el complejo proceso de formación del Estado Soberano del Tolima, bajo el poder militar de Tomás Cipriano de Mosquera, a la luz de los sueños de la Federación, y en medio de los grandes debates de pensadores y líderes como Manuel Murillo Toro, y José María Rojas Garrido, en tiempos de auge de la economía del tabaco que había hecho de Ambalema un gran centro de la vida productiva del país, antes de que el café cambiara el destino de las cordilleras y del río.
Alvaro Cuartas Coymat, nos lleva apasionantemente, en este libro, “Tolima: Desarrollo político e Institucional”, a través del estudio de los documentos y los actos administrativos, del análisis de las constituciones que proliferaron en aquellos tiempos, y siguiendo el curso de las guerras y de los debates parlamentarios, a presenciar el nacimiento institucional de una región que fue desde entonces centro articulador de grandes proyectos nacionales.
Una región que nunca tuvo entonces la paz suficiente para recoger toda la riqueza de sus tradiciones y sus leyendas, para componer su admirable relato histórico, para valorar el notable mosaico de sus artes y sus letras, o para reflexionar a fondo sobre su perfil regional y su originalidad, pero que ahora está quizás en mejores condiciones que nunca para alzarse otra vez ante el país con respuestas a la crisis de la agricultura, con aportes al debate sobre la minería, con propuestas a los retos de infraestructura, con decididos estímulos a su propio talento creador, y con soluciones para los tremendos desafíos que propone nuestra época a las tierras más ricas en agua, más complejas en climas y en biodiversidad, y más llenas de tesoros culturales e históricos.                                                                  

miércoles, 16 de marzo de 2011

SKÁRMETA Y EL PREMIO PLANETA DE LITERATURA
Por: Carlos Orlando Pardo
Conocí a Antonio Skármeta cuando la primavera estaba instalada en París por el año de 1980. El escritor chileno que acaba de ganar el premio Ibeoramericano de novela convocado por Planeta, tenía para  entonces la mirada perdida y no le era fácil la risa por su condición de exiliado en Alemania huyendo de la sangrienta dictadura de Augusto Pinochet. Contaba cuarenta años y los jóvenes de aquel tiempo lo conocíamos por haber sido ganador del famoso Premio Casa de las Américas de Cuba con Desnudo en el tejado en 1968, un año después de haber publicado su primer libro y tras una estadía en los Estados Unidos donde su tesis de postgrado estuvo centrada en la narrativa de Julio Cortázar. No le vimos por aquellos días su cara de actor y el rostro divertido que años después le observamos en su programa de televisión Libro abierto que llegaba para nosotros como una novedad, ni teníamos idea de sus estudios de teatro en el Actor’s estudio. Conocíamos de su actitud festiva cuando por los años 70 Germán Santamaría, acompañado de Luis Ernesto Lasso lo entrevistó en Santiago y se bebieron con él varias botellas de vino, asombrándose el escritor opita de escuchar al narrador deseando gastarse el premio de la revolución cubana en un casino de las Vegas. Cuando conversamos con él en una cafetería de la Universidad de la Sorbona con una escultura de Víctor Hugo adornando el patio en las afueras, la tristeza de haber perdido su país parecía inundarlo todo. Estaba ávido de dialogar con latinoamericanos y eran muchos en el encuentro que organizó la Sorbona para cuentistas del continente. Por ahí caminaban los tolimenses Héctor Sánchez y Magil, Hugo Ruiz y César Valencia Solanilla, William Ospina aún desconocido, y al otro lado de la calle mi hermano Jorge Eliécer y yo ansiosos de cumplir un reportaje con Juan Carlos Onetti, resumido en un sorprendente silencio durante hora y media en un bar porque no dijo una palabra más allá de pedir su vino blanco. 
La conversación que tuvimos con Skármeta estuvo centrada en la política con su participación en la Unidad Popular que llevaría a Salvador Allende al poder y en una historia sobre Pablo Neruda que entonces preparaba, sin imaginar que cinco años más tarde la leeríamos con el título de Ardiente paciencia y que se llamaría luego El cartero de Neruda traducido a muchas lenguas. Doce años pasaron para verlo de nuevo por televisión en su programa show sobre los libros, luego bautizado La torre de papel y nos divertíamos con su informalidad y el humor  quitándole el tinte solemne con que algunos asumen el oficio de escribir. Nuestra mirada no cambió en el seguimiento porque nos informamos de sus documentales y películas, de sus muchos premios internacionales, incluyendo el Planeta en el 2003 con El baile de Victoria y que acaba de repetir con su novela Los días del arco iris que esperamos pronto disfrutar. Regresó a Colombia en 1996 invitado por la Feria Internacional del libro en Bogotá. Una cena en el apartamento de Germán Santamaría fue la ocasión feliz para verlo de nuevo. La velada duró hasta las tres de la mañana cuando lo llevamos al hotel Tequendama donde se hospedaba. Las ocho horas de tertulia acompañados del poeta Jorge Valencia Jaramillo, Roberto Posada García Peña, el famoso Dartagnan y mi hijo Carlos, pasaron como un soplo. Durante largo rato nos contó de su experiencia soñada en la ceremonia donde entregan los Oscares, puesto que la película basada en su obra se había ganado meses atrás el de la música.  No nos imaginábamos que ese teatro lleno está así con extras contratados que sustituyen a los astros mientras llegan para no permitir el vacío que millones de televidentes ven desde sus casas. Tampoco que en el camino mientras llegan subidos en lujosas berlinas donde con sólo apretar un botón sale una botella de champaña, a lado y lado se sitúan artistas con la esperanza de ser descubiertos por un director para volverse estrellas de cine.  Lo suponemos repasando sus historias sobre el exilio protagonizadas por futbolistas jóvenes, celebrando en un hipódromo en una carrera de caballos que tanto lo entusiasman y haciendo de la vida una fiesta fuera de la melancolía que lo cubrió en Alemania donde estuvo quince años y a cuyos linderos regresaría como embajador de Chile, repitiendo quizá el ejemplo de Pablo Neruda y Jorge Edwards, quien varias veces nos habló de ese muchacho no tan muchacho que iba abriéndose camino firmemente en la literatura. Emocionado con la noticia de su premio, salgo a repetir la película del cartero de Neruda que conservo como una maravillosa lección sobre la poesía y la amistad, a volver a leer la novela que me dedicara entusiasmándome para que siguieran adelante mis historias y a brindar en su nombre con un café humeante. 

martes, 15 de febrero de 2011

BOLETÍN No. 2 de la Academia Tolimense de Historia, dedicado a la conmemoración del BICENTENARIO DE LA INDEPENDENCIA NACIONAL.
 Carátula Boletín No. 2 - 141 páginas con ilustraciones - 22,5 X 16
Nota Editorial
El segundo número del BOLETÍN está dedicado a la conmemoración del BICENTENARIO DE LA INDEPENDENCIA NACIONAL. El consejo de redacción así lo dispuso como una contribución de la Academia el debate fundamental que todos los cultores de la historia han decidido emprender frente a la efemérides.

Es unánime la coincidencia espiritual de que nuestra misión insti­tucional no es la de efectuar una simple participación en los actos conmemorativos y protocolarios, si no la de impulsar un gran esfuerzo de investigación y análisis sobre la realidad del país, luego de doscientos años de independencia y la verdadera proyección de nuestra historia sobre los antecedentes, realizaciones, aplicaciones políticas. Económicas, sociales y culturales de ese gran comienzo de liberación a los estados contemporáneos de nuestra nación como realidad democrática igualitaria, justiciera y desarrollada.

Podríamos concluir que el año del Bicentenario ha comprometido todo nuestro esfuerzo, ejecutorias y tareas académicas. Hemos reali­zado el encuentro de las academias de historia del Huila, Cagueta y Tolima. La academia ha impulsado el concurso regional de historia, propiciado el lanzamiento de varias obras de autores tolimenses, adelantado el encuentro con profesores de ciencias sociales del sur del Tolima en el marco del Bicentenario e instalado el homenaje permanente a los académicos de la institución que han ofrendado sus excelsas vidas dentro del ideal de servicio a la investigación histórica y cultural.

Solapa Boletín No. 2
La Academia participó en el programa HISTORIA HOY, asesorando 10 colegios del municipio de Ibagué. Actuó en el Foro Educativo Municipal y en el Foro Educativo

Departamental. Realizados los ciclos de conferencias: El Día Del Tolima; El Liderazgo de la Reli­gión en los Procesos de Independencia; El Arte en la Independencia y clausuró este ciclo con la conferencia El San Juan en España y América.

Se organizaron los grupos de Vigías de Patrimonio en los municipios" de Honda, Mariquita y Ambalema. A su vez, fue partícipe en los actos de conmemoración del Bicentenario en el municipio de Chaparral.
La Academia Inauguró la Exposición Permanente del Fotógrafo Toli-mense Arsenio Zambrano Ocampo, relacionada con su obra sobre el paisajey el patrimonio cultural del Tolima.

Determinó la publicación del BOLETÍN INSTITUCIONAL DE HIS­TORIA. Adelantamos el encuentro semanal interno sobre temas de investigación y recorridos varios municipios del Tolima instalando sus centros de historia.

En las crónicas de nuestra presidenta académica MARÍA YOLANDA JARAMILLO GAVIRIA aparecen en el Boletín las reseñas de todas las tareas fundamentales realizadas.

Sean ustedes bienvenidos amigos lectores a los textos de esta segunda entrega.

Armando Gutiérrez Quintero

martes, 11 de enero de 2011

De CAMILO PEREZ SALAMANCA



Ibagué en Flor
Ibagué en septiembre se hace flor.
los encajes lilas, blancos y amarillos, tejen su policromo,
las Evas  núbiles siembran ocobos en el alma.
a lo lejos la voz de Leonorcita, canta: "No hay nada más lindo que tú".
desde la eternidad el piano de Castilla, interpreta el Bunde Tolimense,
la tempestad de pétalos van cayendo, en aguacero tapizando prados y andenes,
en septiembre los poetas sueltan a! aire palomas mensajeras.
Arturo Camacho Ramírez, escribió. "Nada es mayor que tú, sólo la rosa"
José Faxir Sánchez: "Quiéreme ahora que estoy vivo",
el territorio lindo de la tercera, es un mar de sirenas con alma,
el sábado huele a tamal y la sandía ofrece el aroma del paraíso,
en septiembre murió Tulio Varón y Denhur Sánchez. escribió: "Buen viaje Generar,
Lolita Golondrinas saltó de la novela
para desfilar por la enorme pasarela de la Tercera.
El Libro Cantor de Álvaro Hernández
en septiembre resucitó a nuestros héroes de la infancia,
el Nevado del Tolima en la altura, coquetea con las Mores de ocobo en la lanura,
en verano el cantarino río Combeima, besa la piel de sus mujeres,
Amina en el paraninfo de la música, entrega a Euterpc una corona de ocobos,
frente al palacio del mango, 'I nana pintó a "Nosotros los Pijaos”,
en la catedral del gol de la 37 el canto se hace vinotinto y oro,
de la eternidad vinieron Baco y Dionisio a degustar el Tapa Roja,
Ibagué en septiembre se hace flor.
en Pan de Azúcar, Adonis y Afrodita inician la bohemia de los besos,
cometas y panderos de colores buscan algún misterio, en las entrañas de las nubes,
La Martinica como un gigante inolvidable, vigila el ritmo y los sueños de la ciudad.
El León del Tolima Pedro J. Sánchez, es la leyenda
el hijo del Olimpo que conquistó la gloria en las montañas.
Edna Margarita Rud  Lucena, la afrodita de la nueva Pompeya
trajo toda su belleza en su rostro de mujer.
Olga Walkiria Sánchez, la Venus de la canción, canta “Llévate todo, menos el bar".
las gargantas de Silva y Villalba perfuman de ternura la ciudad,
el Viejo Tolima con su picaresca sanjuanera
le saca sonrisas a las cuerdas y a la gente.
La Selección Tolima del 64 y 68,
subieron como héroes imberbes por la angosta tercera de otro tiempo,
como si hubieran ganado los campeonatos en Marte, en Júpiter o en la Osa Mayor.
Ibagué en Flor es la fiesta de la palabra
y el canto poético de los que en su alma hay vergeles,
Edgar Varón, Víctor Sánchez, María del Carmen Mantilla, Oscar Amaury
y una tropa de palabreros
que han hecho de la estética una fiesta de la inteligencia,
las salas de arte se iluminan con los rostros y las obras de Mariana Várela.
Claudia Llanos. Ana María Rueda. Azucena Ramírez y Ana María Devis,
las esculturas de Edmundo Fachini, Enrique Saldaña y Totoya Bonilla
parecen tener el aval de Galatea
y ser mundos nacidos de la dimensión estética en esta época.
Las trompetas de Chilo Rey se escuchan a lo lejos
siempre suenan cuando florece Ibagué.
El placer de escribir
Por: Alberto Santofimio Botero
Naturalmente que uno escribe cuando piensa que tie­ne algo que, saliendo de lo más hondo vale la pena expresarlo y trasmitírselo a otro. Escribir es rescatarse de un abismo silencioso, es liberar el ser de la prisión interior y lanzarlo al desafío de convivir, a través del valor de las pala­bras, con el extraño mundo de los demás. Es atreverse a trajinar el vasto territorio de lo desconocido que, en ocasio­nes linda, con el delirio y la locura. Es sacar de la medita­ción intima a la superficie un pensamiento, una idea, una ficción, una fantasía que creemos tiene el mérito o el valor de ser compartida. Por eso, ante todo, escribir es entonces romper la soledad y desafiar el aislamiento. Sin embargo, no es una tarea sencilla. El reto de enfrentarse a las cuarti­llas en blanco constituye una monumental batalla del talen­to y de la inteligencia para lograr traducir, pulcramente en palabras, la fuerza de las ideas o de los sentimientos. Es un proceso complejo porque como bien lo dijo el escritor y filósofo Max Aub, en sus celebres « Aforismos en el Labe­rinto» «escribir es ir descubriendo lo que se quiere decir». Aprender a dominar las palabras es lo que nos hace real­mente humanos y profundamente racionales, pensamos nosotros.
Pero, en este trance influyen, de poderosa manera, la personalidad, el medio, los conocimientos, el tiempo histó­rico en que se vive y la acendrada pretensión de conquistar lectores. Esta constituye la ambición suprema del escritor. Su tragedia, por el contrario, es no tener lectores. El dolor y la frustración que genera por ejemplo el fracaso de un libra o ausencia de reconocimiento de la crítica. En estos casos los escritores llegan al extremo de quedar atrapados por las garras del silencio por un periodo determinado o defini­tivamente, según la gravedad del caso, y de esto hay nu­merosos ejemplos en la historia de la literatura universal. Inicialmente más que fama y gloria lo que el escritor busca con afán son lectores.
Además, quiérase o no el escritor termina siendo una legítima expresión de la vida de su tiempo. Su mente, así quiera elegir el deleite de la escritura solitaria, no logra es­capar plenamente de los elementos de su entorno exterior que tienen de todas maneras influjo en su tarea intelectual. El paisaje, la gente, la música, el ambiente, las cosas, el ruido de la calle, la atormentada visión del noticiero, el supli­cio del teléfono invaden con su presencia, de manera avasallante, el mundo interior del escritor. Razón tenía Ca­milo José Cela cuando expresaba que «una gran obra solo puede ser producto de una gran soledad». Y en esta medi­tación aparece siempre la relación entre periodismo y lite­ratura, la preocupación por establecer hasta donde el pri­mero sacrifica a la última o por el contrario, el ejercicio del periodismo conduce, en muchos casos, a la anhelada perfección literaria. Pero, quizás por todas estas cosas senti­mos el impulso y el placer de escribir libremente, pensando que al hacerlo, coincidimos con la española Rosa Montero cuando afirma que «escribir es flotar en el vacío».